La crisis económica ha obligado a las personas a buscar formas creativas de obtener ingresos y de reducir sus costos en un sistema económico en el que se comparten e intercambian bienes y servicios, algo propio de las sociedades más antiguas pero que gracias a las nuevas tecnologías revivió y se potenció.

La idea es que cada usuario sea consumidor y productor, que ofrezca algo que tiene a alguien que lo necesita. Un departamento para hospedarse, un lugar en el auto para ir a trabajar, un espacio para estacionar, un préstamo para financiar un proyecto, un rincón en la valija de viaje, un trabajo freelance, una oficina dispuesta a ser compartida, alguna ropa o esas herramientas a la que poco uso se les da. Todo se puede compartir si se tiene la información correcta y los medios seguros para hacer la transacción

Empresas como Uber o Airbnb, por nombrar a las más referentes de esta economía colaborativa, no son más que plataformas que entendieron cómo eliminar asimetrías de información entre consumidores y proveedores de bienes y servicios, facilitando la interacción y, por lo tanto, la transacción comercial entre ellos.

Prestá tu auto: Andemus.com, el primer sitio de alquiler de autos entre particulares de la Argentina.

Prestá tu casa: Airbnb, «durante 2016, los usuarios de Airbnb en Buenos Aires ganaron alrededor de $ 39.104 al año cada uno”, aseguró Christopher Lehane, Líder en el área de Global Policy & Public Affairs, a Apertura.com.

Prestá tu cocina: coopkapp.com, comes en la casa de los cocineros a la vez que conoces gente divertida.

Prestá un espacio en tu valija: TraigoTuCompra, la web colaborativa donde publicás tu pedido y un viajero te lo trae directamente a tus manos.

Principales beneficios del consumo colaborativo

  • El ahorro. La mayoría de productos o servicios que se ofrecen a través de este sistema tiene precios módicos o, incluso, simbólicos.
  • Desarrollo sostenible. La economía colaborativa estimula el segundo uso de los productos. Lo que alguien ya no necesita, puede tener un nuevo destinatario en alguna red de contactos. Se aboga por un consumo moderado.
  • Gestión de recursos. Otro principio de la economía colaborativa es que si a alguien sirve una cosa, lo más probable es que a otra persona también. ¿Por qué no compartirlo? El mejor ejemplo son los coches de carretera, que pueden servir para llevar a varios pasajeros con destinos próximos.
  • Mayor oferta. Los productos con un segundo uso y los servicios compartidos amplían la oferta de los mercados tradicionales. Sin la economía colaborativa, es posible que éstos nunca vieran la luz.