Una fuerte caída del consumo, inflación, suba de tasas y una gran devaluación han sido algunos de los desafíos que los pequeños y medianos empresarios del país han tenido que sortear. Desde mayo del año pasado el impacto ha sido más que evidente, ya que después de caer el nivel el nivel de actividad no hubo repunte.

Se estima que en la Argentina hay 850.000 pymes, que explican el 70% del empleo formal y generan más del 50% del PBI.

Varias han sido las medidas que se han tomado por diferentes instancias como el Ministerio de Producción, la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN), bancos públicos y privados para aliviar, al menos en parte, el estrés que sufren las pymes.

Lo nuevo: La Ley de Financiamiento Productivo creó la factura de crédito electrónica. Al mismo tiempo la AFIP puso en marcha un esquema escalonado que obliga a las empresas a emitir facturas electrónicas.

Así, una pyme que le vendió una gran empresa que le pagará la factura en 90 días puede descontarla en el mercado, salvo que la compañía obligada al pago muestre otra forma de cancelar esa obligación en el primer mes. La pyme es dueña de las facturas a los 30 días de su emisión y las puede vender.

Esta gestión se puede realizar a través de una plataforma privada, un banco o del mercado de capitales, en este último caso las facturas deben depositarse en Caja de Valores, donde también se acreditará el dinero una vez descontadas.

Fuente: Revista Pymes

 

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